El viento se me va...
Justo ahora, pienso que estoy perdiendo algo...
Algo muy importante, que se va quedando atrás, pero, ¿Qué es?
Duele respirar y saber que con el aire se me escapa ello", saber que cuando miro hacía atrás ya solo veo el final de la calle, y aunque quisiera ya no puedo regresar.
Extraño los sillones viejitos en los que me recostaba para leer, para soñar...
su forro café los hacía parecer de árbol, de madera, madera que te abraza, pero suave...
Algunas veces llegaron a parecer montes, montes verde-cafés, subía y bajaba entre los montes. Llegaba a la cima para encontrar a Zafiro, el gato, ahí acostado, esperándome.
En esos montes perdí la vista soñando.
Me volví idealista...
Extraño el sillón azul en especial; el sillón azul de dos,
por que lo ponía debajo del mezquite y me sentaba a ver el atardecer mientras comía naranjas.
Igual a medio día, el sillón era el barco y el mezquite el mástil con la vela, y navegaba acostada panza arriba, viendo las nubes pasar, las estrellas pasar.
El sillón azul de escribir poemas, a la intemperie se razona mejor, se piensa mejor, se vive mejor...
Yo no me voy a ir al cielo.
Debo muchas cosas en la Tierra, anhelo y ambiciono algunas más. No me resisto a mis impulsos y desobedezco las leyes que me son impuestas.
No paso tiempo con mi familia ni valoro a la gente que me quiere. Miento a cada momento que digo que estoy bien, por que sé que no lo estoy pero si dijera no, tendría que explicar por qué.
Me duele demasiado no ayudar a mis padres, pero sigo sin hacerlo.
El viento se me va pero no se termina de ir,,, y eso es más cruel aún.
Se lleva todo lo que tengo aquí, y no lo impido por que no sé qué se lleva.
Desvanecerme una noche y no volver jamás!
Algo muy importante, que se va quedando atrás, pero, ¿Qué es?
Duele respirar y saber que con el aire se me escapa ello", saber que cuando miro hacía atrás ya solo veo el final de la calle, y aunque quisiera ya no puedo regresar.
Extraño los sillones viejitos en los que me recostaba para leer, para soñar...
su forro café los hacía parecer de árbol, de madera, madera que te abraza, pero suave...
Algunas veces llegaron a parecer montes, montes verde-cafés, subía y bajaba entre los montes. Llegaba a la cima para encontrar a Zafiro, el gato, ahí acostado, esperándome.
En esos montes perdí la vista soñando.
Me volví idealista...
Extraño el sillón azul en especial; el sillón azul de dos,
por que lo ponía debajo del mezquite y me sentaba a ver el atardecer mientras comía naranjas.
Igual a medio día, el sillón era el barco y el mezquite el mástil con la vela, y navegaba acostada panza arriba, viendo las nubes pasar, las estrellas pasar.
El sillón azul de escribir poemas, a la intemperie se razona mejor, se piensa mejor, se vive mejor...
Yo no me voy a ir al cielo.
Debo muchas cosas en la Tierra, anhelo y ambiciono algunas más. No me resisto a mis impulsos y desobedezco las leyes que me son impuestas.
No paso tiempo con mi familia ni valoro a la gente que me quiere. Miento a cada momento que digo que estoy bien, por que sé que no lo estoy pero si dijera no, tendría que explicar por qué.
Me duele demasiado no ayudar a mis padres, pero sigo sin hacerlo.
El viento se me va pero no se termina de ir,,, y eso es más cruel aún.
Se lleva todo lo que tengo aquí, y no lo impido por que no sé qué se lleva.
Desvanecerme una noche y no volver jamás!


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